Reflexión ante la situación de Blablacar en los tribunales: regulación y competencia

En septiembre de 2015, la OCU hizo pública una comunicación en la que mostrbaa su apoyo a Blablacar y a plataformas parecidas dentro de la Economía Colaborativa y el transporte compartido. Y es que el pasado 1 de octubre, BlaBlaCar, conocidísima plataforma de carpooling, se veía en los tribunales acusados de competencia desleal por parte de CONFEBUS. Y ante el mismo juez que dictó las medidas cautelares contra Uber.

Aprovecho la nota de presa de la OCU , que enlazaba un poco más arriba, para volcar aquí mis reflexiones personales y jurídicas que pudieran servir como defensa a las plataformas de la Economía Colaborativa y, en este caso concreto, a Blablacar.

Empezaré destacando que, ante el riesgo de confusión entre las actividades de Blablacar y de Uber, hay que ser muy escrupulosos al distinguir entre los modelos de carpooling, como Blablacar, en el que se entiende que no hay ánimo de lucro y al que no se le aplica la misma normativa, y todos los demás como puedan ser el car sharing o el ride sharing. No es que uno sea el bueno y otro sea el malo: es que, simplemente, son diferentes.

Dado que este caso es concretamente de Competencia, entiendo que Blablacar cumple con ciertas premisas que les ha de convertir en sujeto de especial protección frente a cualquier lobby de modelos de negocio tradicionales que no han sabido adaptarse a las nuevas exigencias del mercado y de los consumidores.

Y estas premisas son que las plataformas de la Economía Colaborativa, como Blablacar:

Favorecen una asignación más eficiente de los recursos infrautilizados.

Provocan efectos favorables para la competencia, pues obligan a los operadores tradicionales del mercado a innovar y a reducir márgenes y precios, lo que redunda en beneficios también para los consumidores.

Para los consumidores, también se crea un aumento y diversidad de la oferta.

Se reducen los costes de transacción, pues se facilitan esas transacciones mediante medios tecnológicos así como actuando como punto de encuentro de la oferta y la demanda. De esta manera, al estar juntos oferta y demanda se reducen los problemas derivados de la información asimétrica.

Genera unos innegables efectos medioambientales positivos derivada de un modelo económico basado en el acceso a bienes y/o servicios en lugar de en la propiedad de los mismos.

La trazabilidad de las operaciones, facilitando la detección de las bases imponibles por parte de Hacienda.

La creación de sistemas de internos de autorregulación basados en modelos de reputación y confianza, que agilizan las transacciones mercantiles y desregularizan sectores ya de por sí hiperregulados.

Y son estas solamente una muestra de las razones que han de favorecer una regulación favorecedora e impulsadora de estos nuevos modelos de negocio.

 

Licencia de Creative Commons
El blog de Sara Rodríguez Marín está licenciado bajo la licencia Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

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