Asimetrías de los sistemas de elección: ¿es la descentralización un remedio?

Ya sea considerado a nivel micro, en la toma de decisiones diaria de una organización cualquiera, o a nivel macro, en las elecciones de un Estado democrático, la elección forma parte de nuestro día a día y de cómo nos organizamos y convivimos.

Y es que la elección, base de cualquier sistema democrático o de toma de decisiones participativo, tiene en su instrumentalización la clave de la incomodidad que puede generar la imposición de un sistema de votación determinado por una autoridad central. Pero la participación en la toma de decisiones no lo es todo: la manera en la que se organice esa participación y el orden que se otorgue a las diferentes alternativas y preferencias son fundamentales para garantizar una verdadera representatividad de las preferencias de los llamados a elegir entre una pluralidad de alternativas. Lo que será reflejo de un aumento en el bienestar social de todos los incumbentes del sistema.

Sin embargo, cuando existen fallos en el modelo de toma de decisiones o en la representatividad de las preferencias de aquellos que deben tomar una decisión, se origina un malestar y un detrimento en el bienestar social del grupo correspondiente. A través de diversos ejemplos, quiero poner de manifiesto que, lo que en principio puede parecer un sistema justo y transparente de toma de decisiones, no siempre resulta así. Y quiero también plantear alternativas desde modelos colaborativos que ya están funcionando a nuestro alrededor.

Lo que ocurre en realidad es que las posibilidades existentes a partir de ese ejemplo tan básico son infinitas. Y la complejidad que puede llegar a alcanzar cualquier sistema de votación y/o elección, reduce en ocasiones el concepto de democracia a una intención de representatividad que no tiene el reflejo real de las preferencias, alternativas y/o decisiones de aquellos que son llamados a votar o elegir.

Ha sido dentro del campo de estudio de la teoría de juegos desde donde se han ido diseñando diferentes funciones posibles, teniendo en cuenta los tres elementos fundamentales de las elecciones: los electores, sus posibles alternativas y sus preferencias.

En este campo en concreto, existe mucha literatura que ha investigado en profundidad el asunto de la elección social o popular consiguiendo teorizar una serie de funciones y reglas que ponen de manifiesto lo complejo y manipulable que puede llegar a ser un sistema de representatividad de preferencias o un sistema de votaciones – máxime cuando el método elegido para representar esa elección está acordado de manera centralizada por aquellos a los que les conviene un sistema de selección u otro por poder beneficiarse de un determinado resultado. Voy a exponer unos breves ejemplos para poder ilustrar lo teorizado hasta el momento.

Las alternativas que podemos barajar pueden ser infinitas, pero para los ejemplos de hoy, consideraré cuatro alternativas: a, b, c y d.

Por otro lado, las preferencias podemos fácilmente graduarlas: de las preferencias estrictas (total: [a>b o b>c ≠ a=b] o transitiva [a>b & b>c = a>c] a las preferencias no estrictas (total: [a≥b] o transitiva [a≥b & b≥c = a≥c].

Cuando consideramos una función de elección social, aplicable a cualquier toma de decisiones en nuestra vida cotidiana, debemos tener en consideración las preferencias individuales de todos aquellos llamados a elegir o a votar entre todas las alternativas posibles. Preferencias que, en muchos de los casos, serán preferencias no estrictas o débiles, lo que puede afectar al bien común o al bienestar social, cuando todas esas preferencias individualizadas son puestas en práctica mediante votaciones o elecciones a gran escala.

Dentro de los esquemas disponibles para instrumentalizar sistemas de participación en la toma de decisiones en la que todas las preferencias individuales sean tomadas en consideración, debemos diferenciar, en primer lugar, las diferentes opciones de participación mediante votación, algunas de las cuales pueden ser:

  • Votación mayoritaria: los electores disponen de un único voto o la opción de votar únicamente una de las opciones y se selecciona la alternativa más votada.
  • Votación acumulativa: los electores tienen la opción de disponer de un número limitado de votos que, en todo caso, será superior a uno y pueden distribuirlos entre más de una de las alternativas disponibles. Los electores tienen la posibilidad de asignar todos sus votos a una misma alternativa.
  • Votación por aprobación: los electores tienen la opción de asignar un ilimitado número de votos a todas las alternativas que merezcan su simpatía.

En segundo lugar, es fundamental diseñar el sistemas de elección o votación preferido. Algunos de los existentes y en los que basaré los ejemplos posteriores son:

  • Mayoría con eliminación: Si alguna de las alternativas tienen mayoría objetiva, es seleccionada y no se sigue adelante con la votación o selección. Si esto no ocurre, se elimina la alternativa con menos votos y las alternativas restantes se someten de nuevo a votación. Así se repite hasta que una de las alternativas resulta la ganadora.
  • La regla de Borda: a cada una de las alternativas (N) se le asigna un número sumativo, por orden de preferencia (si hay cuatro opciones, de mayor a menor preferencia se asigna un valor: n-3; n-2; n-1; n-0). En este sistema, se suman las cifras alcanzadas y la alternativa con el número más alto, es la seleccionada.
  • Eliminación sucesiva: Se decide por adelantado el orden en el que se presentarán las diferentes alternativas y se comienza votando únicamente por el primer par (Na, Nb, Nc, Nd, etc.: Na>Nb o Nb>Na; etc). El seleccionado de la primera votación, se enfrenta a la tercera alternativa. Así, si en la primera votación, la alternativa más votada era Nb, la segunda votación será Nb>Nc o Nc>Nb. Así continúa la votación hasta que la última de las alternativas es considerada. Este sistema es el que actualmente usan los legisladores en Estados Unidos, por ejemplo.

Estos diferentes modelos que, a simple vista, pueden parecer representativos en todo caso de los deseos de la mayoría y tender siempre hacia el equilibrio y al bienestar de la comunidad, cuando son llevados a la práctica demuestran que los resultados están muy lejos de reflejar las preferencias generales y que pueden ser fácilmente utilizadas como instrumentos para hacerse con el poder.

Trabajemos con el primer ejemplo, en el que existen 200 votantes con 3 alternativas: A, B y C. estos votantes tienen los siguientes esquemas de preferencia:

70 electores votaron: A>C>B

66 electores votaron: B>A>C

64 electores votaron: C>B>A

En este caso, tanto si elegimos el sistema de votación de mayoría con eliminación como si aplicamos la regla Borda, la opción ganadora en todo caso es A. Si embargo, si C abandonase la elección, el ganador pasaría a ser B. Lo que significa que C en ningún caso tendría la posibilidad de ganar estas elecciones si aplicamos cualquiera de estos dos sistemas.

Siguiendo con los datos del ejemplo anterior, en el ejemplo segundo vamos a analizar los resultados aplicando el sistema de eliminación sucesiva. De esta manera, podemos ver que, con las mismas preferencias de los electores, pero alterando el orden en el que se presentan las alternativas, los resultados pueden ser muy diferentes.

Así, con el orden de alternativas A,B,C, C sería el candidato seleccionado puesto que A sería eliminado por la mayoría de electores (el grupo de 66 + el grupo de 64) y B también sería eliminado en relación a C por la mayoría de electores de nuevo (el grupo de 70 + el grupo de 64).

Si alteramos el orden de candidatos a A,C,B, el ganador sería B (C es eliminado por los grupos de 70 y 66 mientras que A es posteriormente eliminado por los grupos de 66 y 64). Y , finalmente, si el orden de candidatos fuese B,C,A, el ganador sería A (B es eliminado por los grupos de 70 y 64 mientras que C es posteriormente eliminado por los grupos de 70 y 66).

A través de este ejemplo podemos comprobar que las mismas preferencias de los mismos electores, estableciendo a priori un sistema de sistema de votación y un orden determinado, podemos alterar el resultado de la elección y la toma de decisiones puede estar fácilmente adulterada en beneficio del interés particular de un organismo central, en lugar de representar el verdadero interés común.

Un último ejemplo que me gustaría exponer. Contamos con 3 electores, 4 alternativas y las siguientes preferencias:

Elector 1: B>D>C>A

Elector 2: A>B>D>C

Elector 3: C>A>B>D

Aplicando el sistema de mayoría con eliminación con el orden de alternativas A,B,C,D el resultado es que la alternativa ganadora es D, lo que resulta sorprendente dado que, de los tres electores, ninguno de ellos seleccionó D como la opción preferente. De hecho, en el modelo del ejemplo, los 3 electores prefieren B sobre D en todos los casos.

Los modelos presentados no son más que sistemas de selección de preferencias, votación o elección que ponen de manifiesto la existencia de errores o fallos en el sistema de toma de decisiones que pueden tener un claro reflejo en la falta de representación que se puede dar ya sea en una organización que cuente con procesos de toma de decisiones participativos o en todo un país mediante una, en ocasiones mal llamada, democracia representativa.

Y es que tras ver la sencilla manipulación de unas preferencias estáticas en unos resultados dinámicos al servicio de intereses de aquellos que mueven los hilos, uno no puede sino preguntarse: democracia representativa, ¿de quién?

Las tecnologías descentralizadas, como blockchain; las estructuras cada vez más horizontales, en las que entra en juego la participación ciudadana o la intervención en términos de igualdad de todos los miembros de una organización; o el establecimiento de dinámicas participativas en las que se introduce la escucha activa de todos los incumbentes en la toma de decisiones, son algunas de las herramientas y métodos que pueden ser fácilmente orientables a resolver los fallos existentes en los actuales sistemas de toma de decisiones.

Llevado a la práctica, esto aumentaría el nivel de bienestar social o empresarial, la eficiencia de los procesos y la representatividad de las preferencias reales de todos los participantes en una toma de decisiones: ya sea cambiar el color de la oficina o elegir un nuevo Gobierno.

 

Mis agradecimientos a Isabel R. Benítez por la edición de este artículo. 

 

Licencia de Creative Commons
El blog de Sara Rodríguez Marín está licenciado bajo la licencia Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

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